SU ORDENADOR PESA 1.800 KG
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Veintidós kilos de sustancias químicas (entre ellas cadmio, fósforo y metales pesados), 1.500 litros de agua y hasta 240 kilos de combustibles fósiles hacen falta para construir un ordenador doméstico, según un informe publicado por Naciones Unidas. No sólo el coste medioambiental de la informática es mucho mayor de lo que es aparente, sino que buena parte de estos componentes acaban transformados en chatarra que llena vertederos, desde donde los materiales más contaminantes acaban por filtrarse con destino a Dios qué rincones del ecosistema. Los ordenadores contaminan.
Probablemente contaminen mucho menos que otros productos comunes (piénsese en automóviles o la industria química en general), pero no por ello son tan inofensivos si se tema todo su ciclo de vida. Lo peor es que debido al ritmo de cambio tecnológico, la Ley de Moore y a la creciente complejidad del software, la realidad es que cada dos o tres años hay que reemplazar el ordenador. Y el viejo suele acabar en la basura, contaminando.
Puntos limpios. Muchas ciudades poseen ya puntos limpios donde se puede depositar de forma segura esta peligrosa chatarra electrónica, y hay que animar a su instalación y a que se facilite su uso. Pero existe una solución aún mejor, que es el reciclaje.
Es cierto que necesitamos nuevas máquinas. Las versiones más desarrolladas de los programas que usamos necesitan más potencia. Los nuevos juegos, sobre todo, demandan prestaciones vertiginosas de procesadores, monitores y tarjetas de vídeo.
Tres años después de comprar un ordenador, éste es poco menos que una antigualla en lo que al último software se refiere. Pero está muy lejos de ser inútil.
De larga duración. Los componentes electrónicos tienen una vida mucho más larga de lo que parece. Los procesadores, por ejemplo, están diseñados para durar años en funcionamiento continuo; si han sido ventilados correctamente duran lo que nadie sabe. Muchos otros componentes pueden canibalizarse de ordenadores averiados y son completamente funcionales. Quizá no para correr Half Life 2 (cuando aparezca), pero sí para otras cosas.
No hace falta un superprocesador o gigas de memoria RAM para navegar por Internet, especialmente si se hace sobre software Open Source (mucho menos exigente con la máquina). Un 486, o incluso un antediluviano 8086 pueden proteger una red doméstica, o bien actuar como servidor web o de correo, sin mayor problema y durante años.
Colocar estas máquinas en manos de quienes no tienen acceso a la Red sería la mejor manera de reciclar la chatarra informática, ayudando además a engrandecer Internet y a educarse a los menos favorecidos.
No tire su viejo ordenador, dónelo para reciclaje. Es mejor para todos.
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